El beso dorado del bosque

El beso dorado del bosque, propuesta de Carolina Antoniadis para Calvaresi, es una obra ambiental profusa y exuberante, distante de los entornos neta los cuales nos habituó la contemporaneidad. 

Carolina, en su trabajo artístico crea mundos a través de una iconografía propia que plasma a través del dibujo y la pintura ligada a reminiscencias de momentos de la historia del arte, en especial, del fin del siglo XIX y comienzos del XX. El clima Belle Époque, décadas 1870-1910en Europa, se extendió hacia estas latitudes del Río de la Plata. Ciudades como Buenos Aires, Rosario y Montevideo recibían el influjo de aquella atmósfera en arquitectura, arte, decoración y vestimenta. 

La artista fue atraída por aquella herencia de imágenes y relatos familiares de su ciudad natal en el borde del río Paraná. Su imaginario se conecta con el espíritu de ese período, con el Art nouveau y el Art Decó, y con una figura emblemática como el austríaco Gustav Klimt y su eterno femenino, entre otros creadores de la época. 

Las pinturas y dibujos derraman su clima interior en una historia o fábula visual contenida en la sala de la galería. Un mural muestra una cacería entre animales -una pantera negra atrapa por asalto a un cervatillo desde su parte trasera-, y una exuberante Imperio, instalación de arañas, cuelga en el centro de la sala. De ella penden, además, translucidas lágrimas negras. Necesaria oposición entre la fuerza primaria y el sofisticado barroquismo.

Como una canción de fondo, que se repite imaginariamente en eco, el poema Cabeza de faunode Arthur Rimbaud da el tono poético a toda la muestra y la recorre enlazando todas sus partes, y unas palabras de su última estrofa se transforman en el título de la exposición: ‘el beso dorado del bosque’.

Dos exuberantes pinturas, ‘exquisitos bordados’, tal las palabras del poeta, fondo azul una, y otra verde como el follaje del poema, exhiben el encantado bosque por donde pasea el entusiasmado fauno, ese semidiós de campos y selvas, casi sin hacerse notar en la fugacidad de su paso. Aún, inmerso en el verde follaje transitado, él ha mordido la flor roja en embriaguez. 

Sin embargo, un grado de crueldad se opone a tanta belleza. Brillo y luz se desencadenan del cielo raso. El fauno muerde la bella flor y la pantera encierra con sus garras al gracil ciervo. A toda luz le corresponde una sombra, que se halla también en las lágrimas negras que penden del conjunto de la gran araña. La luz llora oscuridad. Y, la risa del fauno es lujuria y también gracia.

Si se regresa al frescor de las flores y al bosque transitados por el fauno y al titilar del ruiseñor inapresable, el primero no vence la tentación de morder las flores, para poseer su encanto, y atreverse en el dinamismo y levedad de la escena a fundirse con el bosque, santuario en estado natural. Ese acercamientos amoroso, ese beso, hacia la prodiga vegetación no es otro que abrazar el revés de la conciencia, simbolizado en la osadía de entrar en la densidad del follaje. El resultado de esa proximidad, ese ‘beso dorado del bosque’, según la alquimia, puede convertirse en transformación espiritual. Silenciosos y esplendentes en la sala los dibujos en oro, símbolo del conocimiento y la transmutación alquímica, son el anuncio poético de un nuevo amanecer.

Mercedes Casanegra 

The golden kiss of the forest

The golden kiss of the forest, proposed by Carolina Antoniadis for Calvaresi, is a profuse and exuberant environmental work distant from those we have grown accustomed to in the contemporary world.

Using her own iconography, Carolina creates worlds captured through drawing and painting which are reminiscent of other moments in the history of art – especially those at the end of the 19th century and the beginning of the 20th century. From 1870-1910, the Belle Époque movement spread from Europe to the Rio de la Plata. Cities such as Buenos Aires, Rosario and Montevideo experienced influences in their architecture, art, decoration, and clothing.

The artist was inspired by an inheritance of images and family stories from her hometown on the edge of the Paraná River. Her imagery connects with the spirit of that period, with Art Nouveau and Art Deco, and with other creators from that time, including the emblematic Austrian artist Gustav Klimt and his eternal feminine.

The paintings and drawings spill their inner climate in a story or visual fable contained in the gallery room. A mural shows a hunt among animals - a black panther traps a fawn by assault from its back - and a lush Empire, an installation of chandeliers, hangs in the center of the room. On top of it hangs, as well, translucent black tears. It is a necessary opposition between the primary force and the sophisticated baroque.

Like a background song repeated in an imaginary echo, the poem Cabeza de fauno by Arthur Rimbaud gives a poetic tone to the entire sample and links all of its parts. Some words of his last stanza are transformed into the title of the exhibition: 'the golden kiss of the forest'.

Two exuberant paintings, 'exquisite embroidery', such the words of the poet, one with a blue background and the other one green like the foliage in the poem, exhibit the enchanted forest where the enthusiastic faun walks – that demigod of fields and jungles – almost without noticing  the transience of its passage. Still, immersed in the green foliage he walks through, he has bitten the red flower in drunkenness.

However, a degree of cruelty opposes the beauty. Brightness and light are unleashed from the ceiling. The faun bites the beautiful flower and the panther encloses the graceful deer with its claws. In every light there is a shadow, which can be seen in the black tears that hang from the great spider. The light cries in the darkness, and the faun’s laughter is lust, but also grace.

If one returns to the freshness of the flowers and the forest traversed by the faun and the flickering of the inappreciable nightingale, the first does not overcome the temptation to bite the flowers, to possess his charm, and dare in the dynamism and lightness of the scene to merge with the forest – a sanctuary in its natural state. That loving approach, that kiss towards lavish vegetation is none other than the embrace of the reverse of consciousness, symbolized in the boldness of entering the density of the foliage. The result of that proximity – that 'golden kiss of the forest', according to alchemy – can become a spiritual transformation. Silent and splendid in the room, the drawings in gold are not only a symbol of knowledge and alchemical transmutation, but also a poetic announcement of a new dawn.

 

Mercedes Casanegra.