Farola. Tapiz. Túnica.

1

Es como la Argentina promedio, pero con alfombra amarilla debajo de todo. Si hay lágrima en modo caída, se evapora apenas toca la arena. 

2

Morfología de hidrotierras consolidadas; al fuego se lo ignora y el aire, segregado él, apoya la ñata contra la cuerina imitación ladrillo.  

3

Si digo que Daniel Basso es un plenipotenciario de marplatensidad operativa, no digo mucho, a menos  que aclare los términos de mi ecuación. Y la obligatoria generatriz de las definiciones es la ciudad de Mar del Plata, para mí, una coordenada especial dentro de la variada geografía plástica argentina.

A ver: el Eje Buenos Aires-Rosario forma una especie de continuum psicogeográfico; pantanoso y empastado bajo tus pies, melancochillón en lo neuronal. Faltará cualquier  cosa en este eje, menos irrigación. 

El llamado Interior del país tiene otras particularidades tendenciales; Córdoba no es melancólica, no tuerce así nomás la cabeza que  necesita erguida para sus documentadas maquinaciones escolásticas. Amén de que aún las ramas más finas de su cruel humor conviven con la  permanente amenaza de sequía. 

En el  Noroeste Argentino una herencia originaria impele a disputas por la rostridad valedera y el control de un folklorismo doliente. También aquí apenas se disimula la lucha con in desecamiento . 

La Patagonia, ¡qué decir! Mesa de billar raspada por el viento con episódicas incrustaciones gringoides.  

Vamos comprobando que contra la sabiduría de taxistas y demagogos, Argentina es mayormente un gran desierto. Que no se hace cargo del hecho recargando una voluntad de funcionar como oasis universal.

3.1   

En relación y contraste con lo anterior, tiendo a ver en Mar del Plata, ciudad donde Daniel Basso entra en la Temporalidad y se forma como artista, un área violentamente  autónoma; no afectada por melancolía, escolástica, disputas por la rostridad, irrigación espesada  o amenazas de sequía. Tampoco espera alivio de un  deshielo en altas cumbres donde el cóndor esconde sus huevos en el cráneo de algún granadero. Mar del Plata tiene relación directa con la energía de todo un mar que se le arroja furioso a cada momento. Es uno de los raros puntos de nuestra geografía argentina donde la colisión energética es evidente y permanente. La espuma renovada propicia toda una escenografía del hedonismo poco pensable en las otras áreas involucradas en nuestra argumentación. 

MDP, ¡oasis del oasis! Gran composición de lugar. Pero bueno, atenti que seguimos en Argentina. No California o Brasil. Entre nosotros el explícito disfrutar está sospechado. Y recordemos que MDP es también base militar . Desde la terraza de tu hotel no es difícil ver destructores y submarinos a los que cuesta asignar un enemigo verosímil. (La historia argentina es extraordinariamente  terrestre en principio. Es la pelea por la tierra. El indio es bicho de tierra, no navega, no hay que sacarle nada que flote…).

4

Comercializar el hedonismo significa construir hoteles y casitas de fin de semana, morfologías particulares, más doméstica la del chalecito, más lujosa y épica en el caso del hotel, que muchas veces es ámbito de reposo del poder sindical.

Frente a las olas hay espacio y buenos materiales, se construye con brío, menos miedo y mezquindad que en las grandes centros administrativos. MDP es escuela de masividad y solidez. De un brutalismo caído, muchos han hecho povera fifí not to say volquetismo. Pero lo enclenque y ramificado no es troncal de la marplatensidad. Ni de la obra de Basso. 

5

Pienso que en la obra de Basso  hay elementos de  un pop frenado. Un pop alerta, consolidado que se sabe bajo sospechado de esconder armas de disfrute masivo. Observado por un alférez cascarrabias melena de mármol que ve en el festejo civil poco más que un festival de inadecuación general que él, con todo, está autorizado a recorrer. 

6

Referencias estilísticas de Basso: Richard Deacon, Anthony Caro. Un canon bastante recostado en la escultura inglesa posterior a Henry Moore, seca y lúdica la vez. La morfología de una época de juvenil festividad alejada del pathos e inflación textural habitual de quienes han vivido una guerra de verdad. 

La textura en las obras de Basso, que la hay, se inspira en el clonado  culposo que la clase media hace del lujo de unas clases superiores que pueden presentarse sobre el escenario en que se las busca o no. 

7

Hete aquí que tras formarse y establecer una firma espacial  de bijou ultraheavy, nuestro artista viaja y se instala en Buenos Aires. Su peripato reaviva un interés que viene de largo por la repostería y el carácter territorial de las panaderías en el barrio de adopción. 

La paleta del conjunto es la de un local en la calle Olavarría, no lejos de donde nos encontramos y donde Basso ha instalado su laboratorio. Puede detectarse en este show la versión magnificada de la factura “vienesa”, lápida lacrada con membrillo; un Donald Judd repostero.

8

El pensamiento de Basso no se detiene en la creación de volúmenes para apoyar o colgar. Sus geometrías están destinadas a articularse entre sí en algún sector de la atmósfera. Y Basso tiene mucho de orquestador de espacios. Primero apoderándose de él (tarea de una repisa) para ordenar, a continuación, el  sistema de lectura. 

El dispositivo exhibidor se activa como guante pictórico inmersivo que el usuario va a ponerse quiera o no.

 

Lux Lindner