Bombonera

15/06/2022 - 11/09/2022

Esta muestra conjuga diseño, arte, gráfica, arquitectura, interiores y repostería. Promueve la asociación de diseño y consumo, porque son objetos que incitan el hambre de probarlos y de coleccionarlos. ¿Quién no ha atesorado alguna vez una caja de bombones? 

 

Al cabo de subir un piso, como en busca de un objeto preciado que está algo escondido, el público accede a la muestra Bombonera. Efectivamente, se produce la sensación de estar ingresando en una caja de bombones forrada en terciopelo azul. Más que lujo, diversión pop. 

Así, lo primero que vemos, en el centro, son los macarons de color pastel y en dos versiones, de Daniel Basso y Estudio Florida (2022). Siguiendo, lo que sobresale en la línea de visión es un “cabinet” de Edgardo Giménez (1969), hecho en una versión juguetona que cruza la geometría de vértices redondeados del “art déco”, la idea de una torta de tres pisos con llamativo remate en la parte superior y el color azul metalizado, que en simultáneo lleva a lo industrial y al pop. Su engañosa simpleza, que preside la sala, está solemne y burlonamente flanqueada por dos lámparas idénticas de acrílico con aro de neón -para Federico Klemm, precursoras de Memphis- del mismo autor (Giménez, 1968). Metidos ya entre las piezas, de derecha a izquierda, encontramos cuatro sillones cónicos SNC (Ricardo Blanco, 1969) -el primer sillón realizado en madera laminada curvada- para invitar al diálogo íntimo, pero no tanto: blanco y amarillo sobre fondo azul, los fuertes contrastes de reminiscencia Memphis quedan siempre de relieve. Luego, la mesa Ariston (Daniel Basso y Estudio Florida, 2022), con su forma orgánica nos lleva a las playas al evocar el afamado Parador Ariston en Mar del Plata, realizado en 1948 por Marcel Breuer. La frescura del agua en mente se refuerza por el baño de luz recibido junto a la mesita, desde la lámpara de pared “Luz de ducha” (Ricardo Blanco, 2015), cuasi surrealista con su aire siniestro y jocoso. Así, refrescados, le hacemos la pasadita al “cabinet” rumbo a la mesa alta Amenabad (Ricardo Blanco, 1983), creada en el contexto de la experiencia vanguardista Visiva. Después, haciéndoles el juego de enfrentamiento -la línea de bombones del otro lado de la caja– nos topamos con dos sillas Friendly (Ricardo Blanco, 2016), de aparente austeridad, para volver a convidarnos al descanso y la conversación, esta vez con el agregado de que, según cuál sea la silla, será el género del sedente. Ya a punto de salir hallamos la Lámpara checa (Daniel Basso y Estudio Florida, 2022), que juega con la luz como un hongo crecido sobre la forma receptiva.

Bombonera invita a una breve experiencia lúdica, porque las asociaciones indefectiblemente llevan al placer sensorial -sabor, color, confort-, y a la delicia de un ánimo ligero -ingenio descontracturado y humorístico-. Acaso allí dentro nosotros, visitantes, seamos también un bombón.

Esta invitación al juego de la Galería Calvaresi en el porteño barrio de San Telmo está en consonancia con la simultánea en el palacio de la Triennale di Milano. En ambos casos se vuelve a poner en primer plano la feliz superficialidad de la década del 80 y la cultura pop.

María Sanchez.