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Altas horas

Nina Kunan

21/08/2026-16/10/2026

 

Podría decir que la serie Malena que Nina Kunan presenta en esta exhibición implica un profundo giro en su trabajo. Que, partiendo de una indagación centrada hasta aquí en lo textil, la arquitectura, el diseño y la moda, ahora explora el hilo rojo que entreteje episodios paradigmáticos de la historia de nuestra escena artística. Que ese hilo recorre las reconversiones que Antonio Berni hizo de las estéticas realistas socialistas hasta el pop produciendo personajes como Ramona Montiel y Juanito Laguna. Y que esa pervivencia desembocó en la figura plebeya de los tipitos, o los chongos, de Pablo Suárez: allí una mirada filosa, arrebatada de homoerotismo, sirvió para conjurar un proceso de descomposición social como el que nos asola intermitentemente en las últimas décadas. Que Altas horas se ancla precisamente en ese nudo que ciñe las dinámicas del conflicto social con las tramas subterráneas del deseo y cómo en esa urdimbre se carga de espesor el escrutinio sobre los cuerpos.

Sin embargo, antes de llegar tan rápidamente a estas afirmaciones, me gustaría contemplar más tranquila estos bajorrelieves de resina pintada, pelucas y escenarios de drapeados afelpados. Quisiera dejar de lado mi oficio de crítica y ser una espectadora más de las escenas que se nos dan a ver. Estoy observando a estas mujeres en un instante de reposo. Estos cuerpos que han estado expuestos a la tensión que significa la mirada, en un parpadeo, se distienden. Estamos convenientemente situadxs en un punto de vista que nos muestra un minuto de repliegue sobre ellas mismas. Un lugar detrás del escenario. Tal vez, un lapso indefinido después de la función. Aún flota en el aire la fantasía de las telas que parecían suntuosas, los ecos de esa arquitectura palaciega de yeso, los envoltorios satinados que prologan el salto al vacío que implica entregarse. Mostrarse, hacerse desear, no es simplemente un ejercicio de la plena disponibilidad. Al contrario, supone una inteligencia que ilumina los circuitos más recónditos del negocio sexual. Es una radiografía aguda de lo que habitualmente no se nombra. Dominarlo es esencial, especialmente en un mundo en el que el erotismo se tiñe de un fetiche: acabar con su objeto.

Me quedo suspendida en la atmósfera de la exhibición y comienzo a relacionar este backstage con otras imágenes de la trayectoria de Kunan: símbolos patrios que coronan encajes de lencería, mobiliario urbano encorsetado en el brillo del vinilo, columnas dóricas de goma espuma que enmarcan un antiguo lupanar. Justamente, aquí Kunan también sigue este camino en el que se empeña en enhebrar lo que aún se insiste en separar: sexo y res publica. Se trata de una lectura crítica de la herencia del gineceo, aquel espacio de restricción y control social sobre la feminidad apartado de la vida pública. O entender, como lo han hecho las acólitas de Safo, que aún en aquel encierro existe un lugar para la liberación. Y este acto siempre conmueve el espacio que tenemos en común: la política del sexo. Sospecho que Malena le ha dedicado un minuto a esta reflexión en ese breve paréntesis, más allá de las miradas que suele atraer. Esto no es importante sólo para sobrevivir, sino para ser realmente dueña de su negocio.

Federica Baeza

After hours

Nina Kunan

08/21/2026-10/16/2026

 

One might argue that the Malena series presented by Nina Kunan in this exhibition represents a profound shift in her work. That from a practice based in textiles, architecture, design and fashion, she has moved on to the red common thread that ties together landmark moments in the history of the Argentine art scene. A thread that runs from Antonio Berni’s pop revisions of socialist realist aesthetics in characters like Ramona Montiel and Juanito Laguna to Pablo Suárez’s working class tipitos, or chongos whose sardonic, provocative homoeroticism helped to conjure processes of social breakdown, the kind that we have intermittently suffered through in recent decades. That Altas horas (After Hours) is rooted in the knot that binds the dynamics of social conflict to underground desire, infusing the bodily depictions with meaning. 

However, before we jump to such conclusions, I would like to take a break from criticism to be a simple viewer quietly contemplating these bas-reliefs of painted resin, wigs and plush drapery. I observe these women at rest. Having been exposed to the tension of the gaze, they enjoy a moment’s relaxation. We are conveniently placed in a position that allows us to observe them in self-contemplation. A place backstage. Perhaps some time after the show. The air is still charged with the fantasy of sumptuous seeming cloths, the echoes of a plaster palace, satin wrappings that prolong the leap into the void of surrender. Exposing oneself, arousing desire, is not just a matter of making oneself available. To the contrary, it requires an intelligence that lights up the most inaccessible circuits of sex work. A precise chart of what usually goes left unsaid. Familiarity with it is essential, especially in a world where eroticism is tinted with a fetish: to end up with the object of that desire. 

I am left floating in the atmosphere of the exhibition and begin to relate this backstage realm with other images from Kunan’s oeuvre: patriotic symbols crowning lace, street furniture corseted in gleaming PVC, Doric foam columns framing an old brothel. In fact, Kunan is still on the path in which she binds together things people still insist on keeping separate: sex and res publica. A critical reading of the legacy of the gyneceum, a space of restriction and control, of femininity kept removed from public life. Or the realization, like the followers of Sappho, that even when confined there are opportunities for liberation. And that act always rocks the space we have in common: the politics of sex. I suspect that this is what Malena is thinking about during this brief break, rather than the gazes she habitually attracts. It is not just crucial for her survival, but also for a true mastery of her trade.

Federica Baeza

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